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19 septiembre 2012

Reflexiones: ¿Qué fue de...?

Estaba mirando mis estanterías, –sí, esas que algún día acabarán por derrumbarse y enterrarme bajo libros y libros– y he observado un fenómeno de lo más curioso al que voy a llamar: Síndrome de la saga que publicamos por publicar y luego la dejamos abandonada; reducido: Síndrome de la saga abandonada.
Este fenómeno no es limitado a una sola editorial, sino que parece afectar a una extensión importante de ellas, algunas se limitan a estirar en el tiempo la salida de los nuevos números de la saga en cuestión mientras otras le dan carpetazo y hacen como que no ha pasado nada, dejando a miles de lectores con las sagas colgadas, sin saber cuándo podrán continuarlas o si podrán hacerlo. El mutismo es la norma.
Todos conocemos el famoso caso de Vampire Academy, pero yo, por mi parte, tengo unas cuantas series que no sé qué va a pasar con ellas porque hace más de un año que no se sabe nada. Y de distintas editoriales.
Gata Blanca de Holly Black, Paranormal de Kiersten White, El designio del ángel de Cynthia Hand, Los Sangre Azul de Melissa de la Cruz, Oscuridad de Elena P. Melodía. Esas son las que yo tengo, pero se me ocurren otras tantas más que parece que no encontrarán hueco en el mercado.
Es entonces cuando me pregunto, ¿qué debe prevalecer? ¿el lector o las ventas? Supongo que un editor vocacional diría que lo primero, pero estamos en una sociedad capitalista y las cosas no se pueden hacer por amor al arte, lo que importa son las ventas, el dinero que genera un producto, y si no lo genera, el producto ha sido un fracaso. Sin embargo, si un libro funciona mal, por las razones que sean, ¿por qué no prueban otras estrategias para venderlo? Los blogs son, al fin y al cabo, una plataforma estupenda y un medio para publicitarse fácilmente. Si a mí me proponen hacer una campaña en cualquiera de esas sagas que tengo sin terminar, lo haría, porque si tengo esos libros es porque he disfrutado con ellos (excepto con los de Melodia)
¿Es de recibo que todos los miles que han comprado un libro se queden sin conocer cómo acaba?
La solución para mi es clara: hacerme con ellos en inglés cuando vea que las intenciones de seguir no aparecen pasado un tiempo –aunque ya ha pasado bastante–. Sin embargo, veo cómo esas editoriales lanzan nuevas sagas y seguimos sin ver rastro alguno de los libros que ya empiezan a acumular polvo en nuestra estantería.
Para apoyar esta causa, Kenzo, del blog Adicción Literaria, ha creado un grupo de Facebook al que os invito desde ya: Por esas sagas que parecen no tener fin
¿Veremos algún día nuestras sagas completadas? ¿Seguirán apareciendo más víctimas del Síndrome de la saga abandonada?

15 agosto 2012

Reflexiones: ¿Por qué tengo un blog?

Hay días como hoy –será el calor y el aburrimiento que gasto– en los que pienso, ¿por qué narices tengo un blog? ¿quién me creo yo para criticar un libro u otro? Y, la verdad, es que muchas cosas se me vienen a la cabeza, pero no saco nada en claro.
Este blog comenzó su andadura hace ya más de dos años, entonces la cosa no era como ahora, que tenemos miles de blogs, mejores o peores, sinceros o falsos, sino que para ganarse un hueco había que hacer mucho ruido. La verdad es que yo nunca he sido muy ruidosa, me ha costado mucho tiempo y trabajo que mi blog esté donde está ahora, ver como la gente comenta un día tras otro, porque sí, puedes tener miles de seguidores, pero ¿de qué sirven si nadie te comenta? ¿de qué vale trabajar una entrada si va a perderse entre tantas otras? No basta con hacer entradas interesantes y grandes reseñas, nadie se va a interesar por un blog que surge de la nada, porque lo mismo que he visto cómo han crecido por miles los blogs literarios, también he visto como otros han caído en el olvido o, simplemente, se han convertido en otra cosa.
No sé cual es la fórmula para tener un blog de éxito, ni siquiera considero que este espacio sea un blog de éxito porque lo hice para mí. ¿Y cómo es eso? Bueno, no es complicado, necesitaba una vía de escape y la encontré en los libros. Luego no fue suficiente, quería compartir esos libros, aunque fuera a un espacio tan basto como es internet y sin esperanza alguna de alguien fuera a recibirme al otro lado. Pero sucedió. Y como ya he dicho, la cosa no era como ahora, no había tantos blogs ni tanta gente pululando por aquí, colaborar con editoriales era impensable, y tampoco estoy hablando de un tiempo muy lejano, hace poco más de dos años.
Cuando me decidí a abrir Equinoccio ya llevaba algún tiempo siguiendo algunos blogs como Soñadores de libros, Midnight Eclipse, Book Eater o Librojoven. Me gustaba lo que hacían, pero no me veía a mí misma en esa tesitura. Sin embargo, un día me lancé, no tenía muy claro el camino que iba a tomar el blog y, quienes conozcan sus inicios sabrán que los inicios de este espacio fueron un tanto erráticos, pero al final se fue encaminando, casi sin quererlo, hacia la literatura.
Las satisfaciones tardaron algo más en llegar. Conseguir 100 seguidores era un logro, por no hablar ya de 200 o incluso 300, pero, siendo realista, esa cifra no significa nada, no quiere decir que un blog sea mejor o peor, sólo que quien está detrás de la pantalla ha sabido hacerlo crecer.
Todos los días me cruzo con cosas que me indignan en la blogosfera, he visto como se ha disparado el número de blogs por eso de los "libros gratis" –de eso ya hablé en una ocasión–, como ha surgido una fiebre por los seguidores, como muchos blogs no paran de hacer sorteos sólo para que crezcan y crezcan para luego ver cuatro comentarios en sus reseñas. Pero, eh, no voy a entrar a criticar esas actitudes, desde luego no la comparto y no querría tener un blog así, pero cada uno es libre de hacer lo que quiere.
Y os direis ahora que no he dicho por qué tengo un blog, pero es que no tengo una respuesta concreta, lo tengo porque quería compartir mi amor por los libros, lo tengo porque sigo queriendo hacer eso. No quiero que mi blog muera y pretendo seguir con el mucho tiempo más. Es cierto que me ha dado muchos disgustos y a veces, en esos momentos en los que la vida no sonríe, he querido dejarlo, pero he sido constante y he sabido valorar todas las cosas buenas que me han venido gracias a este pequeño rincón, así que, ¿por qué tengo un blog? os dejo decidir la respuesta a vosotros.

25 julio 2012

Reflexiones: Llamadme superficial

Soy superficial.
¿Por qué?
Porque lo primero en lo que me fijo es el exterior. Y sí, estoy hablando de libros, más concretamente de portadas.
No soy una hipócrita y por eso no niego que lo primero en lo que me fijo de un libro es su portada y su presentación, pero no lo único. Y no siempre me dejo guiar por mi vena superficial, he descubierto autenticas joyas con portadas horrorosas y también me he encontrado bodrios infumables bajo portadas maravillosas.
Afirmo sin temor a equivocarme que una de las cosas más importantes de un libro es su portada, es aquello en lo que nos vamos a fijar al pisar la librería, es lo que nos va a hacer coger ese libro de la estantería, es lo que va hacer que nos interesemos por él cuando lo veamos en un catálogo de novedades, pero no debería ser lo único en lo que nos fijásemos, que una portada bonita es sólo eso, un reclamo, una forma de captar nuestra atención, y no siempre es reflejo de lo que hay dentro.
En los más de dos años que llevo aquí he podido comprobar que una portada bonita es la mejor carta de presentación que puede tener un libro, más que esos reclamos absurdos que citan a autores conocidos –o no tanto– o afirman ser el nuevo fenómeno literario o lo comparan con la novela de moda. Por desgracia, cuando la portada de un libro es fea, la gente tiende a suponer que es malo y, a menos que las críticas sean maravillosas poca gente se fijará en él y a veces ni eso, porque yo misma he visto cómo en alguna de mis reseñas la gente ha dicho: "Por lo que dices parece que el libro es bueno, pero no me gusta la portada así que no creo que lo lea". Está claro que no soy la única superficial.
Quiero aclarar que mi intención no es despreciar a un libro por su portada y procuro que eso no me eché para atrás al momento de decidirme a leerlo o no. De hecho, muchas veces me he llevado a casa un libro precisamente porque su portada era tan tan tan pero tan tan fea, que he acabado por cogerlo, leer su sinopsis y descubrir que podría gustarme. Y otras tantas he cogido un libro por su preciosa portada y al leer la sinopsis se ha dibujado en mi cabeza un NO rotundo. ¿Superficial? Sí, ¿Estúpida? No.
En cualquier caso, hay editoriales que parecen no comprender la importancia de la portada a la hora de vender un libro, que seguir los patrones de moda no siempre funciona –¿os acordáis de los clones crepusculianos?– y que un buen libro puede ser un auténtico fracaso si no eliges la portada adecuada, como sucede con Meg Cabot, superventas en Estados Unidos que pasa sin pena ni gloria por nuestro país una y otra vez por culpa de diseñadores ineptos.
Pero os advierto, no os fijéis sólo en la portada, que os puede llevar a engaño, lo que realmente tiene que llamar vuestra atención es la sinopsis, cosa que a veces también parecen olvidar las editoriales, que colocan una frase críptica en la contraportada de la novela y esperan que con eso ya nos lancemos a por él.
Nunca hay que olvidar que una portada bonita es primordial a la hora de vender un libro, pero no es lo que hace al libro. Yo intentaré ser menos superficial.

28 marzo 2012

Reflexiones: ¿Distopías?

Las distopías están de moda. Las editoriales no dudan en colgar la etiqueta al mínimo signo distópico que presente la novela y es que, desde la revolución de Los juegos del hambre, las editoriales tienen claro que vende y que colocar la etiqueta puede atraer más lectores –incluso cuando la novela en cuestión tiene de distópica lo que yo de china–.
El marketing es el marketing, está claro, ¿pero qué es realmente una distopía? ¿encaja realmente Los juegos del hambre dentro de ese marco?
Tomando como referencia la novela distópica por excelencia, 1984 de George Orwell, nos encontramos con varios elementos clave: Nadie puede hacer nada sin que haya una cámara que lo registre las 24 horas del día. Cualquier idea que se salga de los parámetros establecidos puede poner en peligro al individuo, podríamos decir que no existe libertad de movimiento ni de pensamiento. Estamos ante gobiernos tiránico, aunque aparentemente son sociedades perfectas en las que todo el mundo tiene lo que necesita y debería ser feliz, el control que ejerce el poder es total y salirse de las normas puede ser fatal. No puedes elegir tu vida.
Obviamente, hay muchas variaciones y algunos de estos elementos no se ven en todas las distopías, pero me atrevo a decir que es básico que para definir una historia como distópica tengamos una sociedad aparentemente perfecta y feliz, una sociedad utópica, pero que realmente no lo es. En este sentido, la abanderada de las distopías juveniles, Los juegos del hambre, no encajaría. Sí, es cierto que existe un gobierno tiránico que ejerce un control férreo sobre la población, pero ¿hasta que punto es Katniss miembro de una sociedad perfecta? Si fuera habitante del Capitolio las cosas serían muy distintas, ya que ellos sí gozan de una vida aparentemente utópica cuando realmente viven bajo el yugo de una dictadura que comete auténticas atrocidades. En cambio sí podrían encajar sin problemas novelas como Juntos o Delirium, que presentan protagonistas que gozan de vidas felices y sin complicaciones pero que en un momento se vuelven conscientes de que sus vidas no les pertenecen y deben obediencia a un gobierno invisible que lo controla todo: su comida, sus estudios, sus actividades de ocio, sus sueños, su futuro. Nada les pertenece.
Me veo en la necesidad de mencionar libros que se me vendieron como distopías aunque, bajo mi punto de vista, no lo eran, como son El corredor del laberinto, Incarceron, Efímera, Marca de nacimiento, El juramento, Bajo el cielo eterno, Despierta: Across the universe, Diferente e incluso Poison, que en algún blog le colocaron la etiqueta y no pude sino echarme las manos a la cabeza.
Efectivamente, en muchas de estas novelas nos encontramos con ciertos elementos que responden a los parámetros de una distopía, pero el hecho que de aparezcan no significa que la novela, automáticamente se convierta en una. No hay que confundir mundos postapocalípticos como los de El corredor del laberinto o Marca de nacimiento o novelas de fantasía como Incarceron, El juramento o Poison con sociedades distópicas. En otras novelas las líneas son algo más difusas y no me atrevo a poner la mano en el fuego.
Recientemente, y en un par de días colgaré la reseña, he tenido el gusto de leer Bajo el cielo eterno de Veronica Rossi, una novela que venía con la etiqueta "distopía" cantando desde Estados Unidos. Aunque la sociedad en la que vive la protagonista hasta el inicio de la novela bien podría ser distópica –y de hecho, lo es–, la novela esta situada fuera de ese marco, en un mundo devastado y postapocalíptico con un cielo tóxico. La historia de Perry y Aria no tiene nada que ver con el "despertar" de un miembro de una sociedad aparentemente perfecta y su intento por salir de ella. Aria se ve obligada a salir de su mundo perfecto y sobrevivir en el exterior y yo me veo en la encrucijada de no saber si la novela entra dentro del marco o no, ya que, en algunos aspectos, como sucedería con Los juegos del hambre, sí es una distopía, pero en otros es pura ciencia ficción. Y así sucede con algunas de las ya mencionadas.
En cualquier caso, todo esto son mis percepciones personales. No podemos escribir una lista e ir descartando o incluyendo novelas sin ton ni son. Hay algunas que claramente NO son distopías, pero con otras la distinción está llena de claroscuros y pequeños detalles que nos hacen dudar. No pretendo desbaratar las convicciones de nadie, sino exponer las mías y manifestar que a veces se nos da gato por liebre y que colocar la etiqueta "distopía" tanto por parte de los lectores como de los que publican puede llevar a confusión y es, en muchos casos, una estrategia de puro marketing ya que la etiqueta vende gracias a novelas como Los juegos del hambre, sobre la que dudo si encaja o no, y no se puede desperdiciar esta oportunidad. Además, plantarle la condición de distopía a una novela no siempre es bueno ya que parece que lo asociamos a calidad –cuando no tiene porqué ser así– y muchas veces no sólo nos encontramos con una novela que no es distópica, sino con una novela que es mala hasta decir basta.

23 noviembre 2011

Reflexiones: LGBT en la literatura juvenil

Hace unas horas, no llega a ser un día completo, mientras twiteaba con otros colegas bloggeros, empezamos a hablar de lo extraño y poco frecuente que parecía ser que en la literatura juvenil nos presentaran un protagonista LGBT. No un personaje secundario, o incluso terciario, sino un PROTAGONISTA. Ya sea que le gusten los chicos o las chicas, sea cual sea su género, que no se sienta identificado con el sexo que le ha tocado o que haya nacido intersexual –que de esto hay muy poca información–. ¿Es que a caso nadie se atreve a abordar el tema en la literatura juvenil? ¿es que nadie se atreve a dar un giro en otra dirección que no sea la "adecuada"?
Falso.
Hay montones de novelas de esa temática escritas por autores de todo el mundo. Sin embargo, existe una especie de reticencia en el mercado español –por no decir la mentalidad– a rechazar el, llamémoslo, género. ¿Y en qué me baso para decir eso? En que he sido testigo del fracaso de un género manga, el yaoi, demandado por miles de lectores en España, pero que, cuando ha llegado a las librerías, ha pasado sin pena ni gloria, obligando a las editoriales a no apostar de nuevo por el género, a pesar de las demandas, y es que, seamos sinceros, si tratas de hacer algo diferente y no sale bien, lo lógico –que no siempre es lo correcto– es no volver a intentarlo. Lógica estúpida porque existiendo una variedad tan amplia de productos es imposible que todos fracasen.
¿Pero qué pasa con la literatura?
Honestamente, desconozco lo que sucede a ciencia cierta puesto que fuera del ámbito juvenil no conozco cómo está el panorama con certeza, pero estoy bastante segura de que en nuestras librerías pasamos los dedos por el lomo de libros que puedan contarnos historias de este tipo. De hecho, en mi librería habitual hay un pequeño apartado dedicado exclusivamente a novelas LGBT, pero por lo poco que he ojeado, tiran más a lo erótico –que hay de todo, pero el contenido, en general, es para público adulto– que a lo que realmente nos interesaría, que, al menos para mí, son las implicaciones sociales, los problemas familiares, los amigos, las primeras experiencias, el descubrimiento, y no hay nadie mejor en el mundo para reflejar esa situación que un adolescente que está descubriendo su sexualidad. Y, señores, no es necesario que sea una novela dramática que lidie con el problema desde la marginación, se puede abordar de mil formas y una muestra la tenemos en el mercado estadounidense, donde las novelas con temática LGBT no son algo tan escaso y hay para todos los gustos.
Sé que hay gente LGBT que lee este blog y también sé que no soy la única que desea que las cosas cambien. Todos estamos cansados de una sociedad que de cara es muy tolerante pero luego rechaza de manera casi sistemática los productos que contienen LGBT, ya sean cómics, novelas o películas –sí, hay gente que se escandaliza cuando digo que Brokeback Mountain es una película preciosa, ¡como si fuera algo malo!–.
Es necesario un referente LGBT en la literatura juvenil en España. No se puede pretender crear un ambiente de tolerancia si todos los libros que inundan nuestras estanterías exponen un modelo de romance que no es real. Nuestros adolescentes tienen dudas y necesitan verse reflejados en aquello que leen, no todos son heterosexuales, no todos aspiran a un amor de película, de hecho, lo que los adolescentes quieren es ser aceptados y felices sea cual sea su condición.
Hay casos en nuestras estanterías como Cazadores de Sombras o Eternos en los que se introducen personajes homosexuales, pero pocos son los ejemplos en los que son protagonistas y tampoco se ahonda demasiado en la historia personal de estos personajes, que si bien llegan a resultar muy atractivos, parece que existe una cierta reticencia a darles más peso. Partiendo una lanza a favor de nuestro mercado literario, hay una novela que no he tenido el gusto de leer, escrita por Nando López, La edad de la ira, que se ha hecho un hueco relativamente importante por el tema que ahonda y que, si no me equivoco, es lectura obligatoria en algunos centros (BRA-VO). Sin embargo, y a pesar de que podría ser perfectamente una novela orientada al público juvenil, puesto que su protagonista es un adolescente, no la encontraremos entre esos libros, ¿por qué? Es una novela dura, con una historia realmente potente, sobre un joven que asesina a su padre y los motivos que lo llevan a ese trágico desenlace, pero ¿a caso creen que resultará un trauma que un chaval de catorce años abra las páginas de un libro y descubra que su protagonista es homosexual? ¿no es necesario mostrar una realidad que existe, que nos cuentan en los periódicos?, y en el caso de otras novelas que también ahonden la homosexualidad ¿no es a caso eso más enriquecedor empezar a conocer también estas historias que seguir fomentando el "amor correcto" en la literatura? ¿no se dan cuenta autores, editores, libreros, profesores de que es necesario que los jóvenes comprendan que su elección sexual es algo normal y que no deben sentirse mal o discriminados por ello?
Empecemos por los libros, leamos historias fascinantes con chicas que no se enamoren del chico guapo del instituto sino de la chica, de chicos que no vayan detrás de la animadora sino de su compañero de clase, de jóvenes que no se sientan a gusto en su propio cuerpo. Esas historias también son reales, también suceden cada día y también merecen ser contadas, oídas, leídas, escritas, publicadas, traducidas y amadas.
Sin embargo, como he dicho brevemente antes, la situación fuera de España es algo distinta en el panorama literario –en la vida real, lo cierto es que se producen crímenes homófonos en cualquier lugar del mundo y no pasa mucho tiempo sin que sepamos de algún triste caso de un joven que se ha suicidado o lo han matado por culpa de su condición sexual–. Hay listas enormes de libros publicados en Estados Unidos cuyos protagonistas dudan de su sexualidad, experimentan, descubren. Tuve el placer de leer Ash de Malinda Lo, y es una novela de fantasía, y aún así refleja muy bien la problemática, no pensemos que para abordar el problema es necesario hacerlo desde la novela realista, como es el caso de la ya mencionada La edad de la ira, porque no es así. En un mundo tan amplio como es la literatura juvenil, en mentes que están abiertas a todo, que todavía están madurando, que están ansiosas de experiencias, ¿qué mejor público que ese para contarles estas historias? ¿qué mejor manera de contarlas que a través de ellos?
Sí, lo pido. Quiero que traigan novelas juveniles con protagonistas LGBT y lo creo necesario porque para educar en la tolerancia hay que ver todas las caras de la moneda y el colectivo LGBT merece tener un hueco más importante en nuestra literatura, en nuestros colegios y en la educación de niños y mayores.

16 julio 2011

Reflexiones: A nadie le amarga un dulce

Es título habla por sí solo. Pero es cierto.
Con esto de los blogs literarios ha surgido una especie de batalla subyacente por los seguidores, por los libros, por los concursos, y no me gusta. No me gusta porque estoy empezando a ver cosas feas, prejuicios, malas palabras y creo que eso es lo último que necesitamos en la blogosfera literaria. Ésta nace de un mismo fin: difundir la literatura; pero de un tiempo a esta parte, parece que el verdadero objetivo son los libros gratis.
Y aquí es donde digo que a nadie le amarga un dulce.
A TODOS nos gusta que nos envíen libros. Personalmente, me siento muy agradecida a todas las editoriales que colaboran conmigo y depositan su confianza en mí, pero a veces me indigno, porque veo blogs realmente malos, cuyas reseñas no son más de cuatro líneas que dicen "me ha gustado mucho", y les mandan libros a mansalva, algunos que ni siquiera tienen pensado leer. ¿Deberían hacer "criba" las editoriales? En cualquier caso, eso es algo que les concierne a ellos, si mandan libros indiscriminadamente, será porque los tienen y yo no soy quien para juzgar sus actos, pero a veces una no puede evitar ver cosas que no le gustan.
¿Un libro que te envía una editorial es un libro gratis? Yo creo que no. A cada libro que te mandan tienes que dedicarle muchas horas, horas que a veces te quitas de otras cosas, no es un "libro gratis", es una responsabilidad y si uno no está dispuesto a cumplir, mejor que no pida. No sólo se perjudica a sí mismo, sino que también crea una mala imagen de otros bloggers que sí cumplen, y son varias las editoriales que ya no mandan ejemplares salvo a unos pocos "privilegiados".
Yo reconozco que recibo muchos libros, pero leo todos y cada uno de ellos, unos antes y otros después, dependiendo de mis ganas, pero todos tienen su hueco esperando. No es una justificación, ni creo que la necesite, porque creo que la gran mayoría de los que siguen mi blog activamente, saben que le pongo mucho empeño y esfuerzo.
Las colaboraciones con las editoriales tienen tanto ventajas como desventajas, no creo que nadie me pueda negar que gracias a estas se ahorra uno un dineral, y es cierto, si no colaborara con ninguna editorial –cosa que empecé a hacer como en septiembre u octubre de 2010–, me compraría los libros, quizás no todos los que quiero leer, pero compraba libros, compro libros y seguiré comprándolos. Sin embargo, recibir un libro de una editorial te obliga a leerlo y reseñarlo, y a veces no nos gusta el libro en cuestión y por lo que parece hay casos de editoriales que se han quejado por las malas reseñas –cosa que no me ha sucedido y que, de ser así, me haría cortar relaciones inmediatamente con dicha editorial–, pero creo que la esencia de los blogs es esa, ser sinceros y dar nuestra opinión –más o menos profesional– sobre aquello que leemos, nos lo haya enviado una editorial o no.
¿Pero cuánta influencia tiene un blog?
No nos engañemos, el mercado es muy grande y no son muchos los blogs que pasan de los 1000 seguidores, ni hablar de aquellos que tienen 2000, ¿pero en un país con más de 40 millones de habitantes, qué influencia puede tener un blog de 500 seguidores sobre la población? ¿Hasta qué punto somos nosotros un escaparate de las editoriales? Seamos humildes, por favor, podemos darnos con un canto en los dientes si conseguimos de 2 ó 3 personas decidan leer/comprar un libro gracias a nuestra reseña. Y ojo, yo estoy muy contenta con mi blog, pero no me engaño, no soy importante ni pretendo serlo, pero me esfuerzo y hago esto porque me gusta. En el momento en que deje de ser así, cerraré este espacio. La responsabilidad de tener que leer y reseñar un libro, no me parece suficiente como para sentirme presionada por ninguna parte, es algo que hago encantada, porque a nadie le amarga un dulce y menos si ese dulce es un libro, que te puede gustar más o menos, pero una lectura siempre es algo enriquecedor.

Nota: No hablo de ningún blog o persona en concreto, principalmente porque los blogs de ese tipo que describo no los sigo, pero de vez en cuando acabas en uno y te dejan con el culo torcido. Si alguien se da por aludido, es cosa suya, pero esto no va por nadie en concreto y mucho menos por todos los bloggers maravillosos que conozco.

21 enero 2011

Reflexiones: ¿Literatura juvenil?

He comenzado -y ya terminado- un pequeño proyecto literario del cual os hablaré en su debido momento. Mientras me disponía a ello, un amigo me preguntó "¿a qué público va dirigido?", yo le contesté que era juvenil, entonces él volvió a preguntar "¿por qué?". Intenté responder pero no pude. ¿Qué es lo que hace juvenil a la literatura juvenil?
Pensé: que los protagonistas son adolescentes. Pero rápidamente, deseché la idea, ¿a caso Delibes no escribió El camino, cuyo protagonista es poco más que un crío, y sin duda, no es literatura juvenil? ¿Es que el protagonista de La sombra del viento es un adulto?
Podría seguir enumerando títulos que jamás calificaría de juveniles cuyos protagonistas entran en esa franja de edad.
¿Quién decide que un libro es juvenil o no? ¿No han hecho Los juegos del hambre las delicias de los más mayores? ¿Y cómo yo, que tengo ya veintitrés años, no soy una devoradora de este "género" juvenil? ¿No son para mí? Desde luego que lo son.
Y me pregunto cómo reaccionaría un chiquillo de 13 o 14 años a un libro como Willow de Julia Hoban, que no escatima en escenas duras, en situaciones duras, o Si no despierto de Lauren Oliver, o Por trece razones de Jay Asher, o los ya mencionados Juegos del hambre. O una novela, de apariencia de cuento, que algunos han calificado de infantil como es The Giver de Lois Lowry.
Si hay algo que puede caracterizar a esta literatura es que, por lo general siguen un esquema simple con comienzo in media res en el que se nos va planteando un problema que, en rara ocasión se resuelve en el mismo libro -¡hay tantas series juveniles que da hasta miedo!-, una fórmula que funciona para vender libros aunque a veces nos vendan mierda sin final que nos obliga a comprar continuación por la crueldad infinita de los autores.
Cabe decir también, que la etiqueta JUVENIL no beneficia al libro, decidme si no conocéis a alguien que ni se acerque a esas estanterías de las librerías a pesar de todo lo que tienen que ofrecer. Quién no os ha mirado mal por leer "esos" libros y no a los grandes tostones clásicos. Ojo, que yo leo clásicos y no tan clásicos. Y pienso, ¿qué importa lo que leas mientras te enriquezca, mientras saques algo positivo de ello?
En una sociedad tan hipócrita y estereotipada estamos condenados a las etiquetas, y yo digo: no juzguéis un libro por su cubierta. Ni por su etiqueta. Ni por su autor. Ni por su procedencia. Ábrelo, disfrútalo o no, y aprende algo de él.

18 diciembre 2010

Reflexiones: Un poco más

Inauguro sección en la que divagaré bastante, porque me apetece y porque me he dado cuenta de que necesito un poco de espacio para mis propias inquietudes.
De que a veces a veces me pierdo y tengo que encontrarme en alguna parte.

Hace ya más de nueve meses que comencé con mi aventura bloguera, con mucha ilusión. Como todos, me imagino. Por suerte no me ha ido mal del todo. Sí, podría haber ido mejor, pero también peor. Sin embargo, siento que algo falla. Hay algo que falla y me temo que es algo que es la base de este rincón.
No os preocupéis, que ese algo no soy yo.
Son las reseñas.
¿Por qué?
Vacías. Vacías. Vacías.
No me dicen nada. Yo me abstraigo y las leo. Y entonces pienso ¿pero qué mierda es esto?
Falta un poco más, un poco más.
Pero no me sale... y me siento pequeña.

Leo mis reseñas y me dan ganas de reescribir todas y cada una de ellas. De pe a pa. De cero a cien.
No me gustan. Qué le voy a hacer.
El problema es que ahora estoy en ese momento en el que mi reseñas no tienen un rumbo marcado. No quiero perder la honestidad. Ni el sentido crítico. Pero veo que no encuentro el equilibrio.
¿En que he fallado?
Organización. Mi cabeza es el caos. Creedme.
Todo se andará...
Respiro hondo. Un soplo de aire fresco. Nuevos aires. Bueno, no tan nuevos.

La próxima quizás sea distinta. O quizás para entonces esta inquietud ya se habrá marchado de mi cabeza. No lo sé. El caos, ya os lo digo yo. Me contradigo. Pero necesito avanzar un poco más y soltar un poco más de mí. Dar un poco más para recibir un poco más. Si no, ¿de qué me sirve?

Vuestras opiniones me importan. Aunque a veces no lo parezca.
Me pregunto si seré la única en esta extraña encrucijada...
¿Cómo podría salir de ella?